Dos amigos se detienen a la orilla de la carretera para hacer una breve pausa. Uno de ellos se aleja unos minutos entre los arbustos.
Al regresar, vuelve muy pálido y preocupado.
—¿Qué te pasó? —le pregunta su amigo.
—¡Creo que hice algo terrible! —responde angustiado—. ¡Tenía manitas, tenía ojitos…!
Su amigo se acerca, mira entre los arbustos y, después de unos segundos, sonríe.
—Tranquilo… no pasó nada. Solo asustaste a un sapo.