P�rez lleg� a su trabajo una hora tarde por tercera vez en la semana y encontr� a su jefe esper�ndolo. “�C�al es la historia esta vez, P�rez?” le pregunt� sarc�sticamente en cuanto lo vio llegar. “Vamos a oir una buena excusa esta vez , �no?”
P�rez suspir� y dijo: “Todo sali� mal esta ma�ana, jefe. Mi esposa decidi� llevarme a la estaci�n y se arregl� en diez minutos, pero al llegar al puente sobre el r�o, vimos que no se pod�a pasar por un accidente. Para no quedarle mal otra vez, atraves� el r�o nadando -mire, mi traje todav�a est� mojado- y corr� hasta el hangar del aeropuerto, donde consegu� que me trajeran en un helic�ptero. Desgraciadamente, el helic�ptero s�lo encontr� un lugar adecuado para aterrizar a un kil�metro de aqu�, as� que tuve que parar una ambulancia que pasaba por ah� y me trajeron hasta ac�.”
“Tiene que inventar algo mejor que eso, P�rez,” dijo el jefe, obviamente desilusionado. “Ninguna mujer puede arreglarse en diez minutos.”