No hay placer m�s singular
que el de despu�s de cagar:
con un cigarrillo encendido
el culo queda agradecido
y la mierda en su lugar.
En este mundo matraca
caga el rey, caga el Papa;
y de cagar nadie se escapa
pues hasta la mujer m�s guapa
tira bolas de caca.